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Desde Tandil, el joven músico, pianista y poeta José María Carotti le dedicó una balada al Maestro Horacio Ferrer:
BALADA PARA UN DUENDE
Con tu rosal de prosa enamorada nos perfumás el cielo y las estrellas, y la poetisa pluma de tu tinta flota en los aires dulces de tu lengua.
Con la ternura innata de tu duende nos regalás un mágico universo en donde el filo agudo de la muerte le abre camino a un nuevo nacimiento.
Prestame la colmena de tu obrera fantasía, llevame adonde empieza el horizonte de tu canto, teñime con tu Horacio más tangueado y molinguero, forjame con tu fragua de Ferreros trovadores.
A toda Buenos Aires le hacen falta tus colores y el vuelo rioplatense del pañuelo de tu cuello. en cada movimiento del paseo de tus manos recitan tus farfalas fecundadas de poemas.
Con el porteño arrullo de tu rezo nos hechizás los ojos y los labios, y al paso de tu paso romancero dejás futuro y luz a tu pasado.
Con tu caudal de sueños y de tangos regás la fértil hoja de tu pecho y en la feliz solapa de tu saco nace un clavel vestido de concierto.
Llevame, lentamente, a conocer una por una las musas de tu genio que atraparon a Piazzolla, y allá, en la soledad de cada luna y cada noche contame un verso nuevo acompañado por su fueye.
Mostrame los dolores de los pobres chiquilines, soltame la locura con un soplo de piantados, barreme la tristeza con tu armada de ilusiones, abrime la esperanza con tu llave de mañanas.
La noche se emociona con tus ojos de nocturnos y vierte sus mareas consteladas en tus veras; de allí, desde el lugar en donde todo se ilumina vendrán los ríos tuyos a mojarnos con tu fuego… a mojarnos con tu fuego… a mojarnos con tu fuego.
José María I. Carotti
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