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Qué hermoso, de cariño temblar, y enamorada hasta lo máximo un beso de tus labios robar. San Juan y Boedo antiguo; Homero… y si te digo que no todo está perdido, que tu nombre alumbra con las estrellas valses, tangos, milongas bellas, y las calles aquellas, descriptas que en herencia nos dejaste, colmadas de ternura todas ellas. De padres italianos ya con hermanitos mayores, tú aún no existías; cuando a Añatuya desde Buenos Aires se trasladaron. Entre hectáreas de verde y paz en aquella casona nuestro poeta nació, fue sexto hijo y desde pequeño tuvo gran inspiración. En un marco de libertad de primaveras aireadas de costumbres amables y campesinas compartiendo con los habitantes del lugar guardaría para los años venideros lo que su espíritu supo atesorar… Un día, su familia vuelve a Boedo y él unió en su mente el campo con la ciudad ¡Hasta se atrevió a defender a la gente todo por un ideal! Pero la vida, querido Homero, te apuraba y en poco tiempo obtenías lo que nadie lograba!… Troilo, Demare… Sur, Barrio de Tango, Malena ¡y tantos más! Shhh… Silencio… Voy contigo. al costado del terraplén, a ver al farol balanceando en la barrera y el misterio del adiós, ¡¡¡que nunca te diré!!!
Anamaría Blasetti
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