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SOBRE ALGUNOS TERMINOS TANGUEROS

Hoy: Mango

Conocida y ansiada voz del lunfardo, por lo que significa en lo material y no tanto en lo lingüístico, que es lo que nos interesa, por supuesto. Y esta vez comenzaremos por el final, tal como hacen los amigos perversos que nos cuentan el final de la película, en el preciso momento en que estamos por entrar al cine.

En el Diccionario de la Real Academia Española encontramos: "Mango. m. coloq. Arg. y Ur. Peso (unidad monetaria). || 2. coloq. Arg. dinero (moneda corriente)."

Luego, el significado queda claro y, además, la inclusión del término en el soberano diccionario de la Lengua, lo hace académico y lo retira de un plumazo, de la orillera parla lunfarda.

De todas maneras, siempre es interesante profundizar en el conocimiento de la génesis de la voz que, en sus orígenes, fue un lunfardismo.

Su presencia en la música de Buenos Aires, es numerosa. En 1930, Enrique Santos Discépolo, en letra y música, lo incluye en uno de sus tangos más célebres, "Yira yira", que, entre otras de las razones que existen para su perennidad, está el hecho de que Carlos Gardel lo incluyera en los célebres cortos que filmó en 1931, dando inicio al cine sonoro en la Argentina. Decía Discépolo: "Cuando rajés los tamangos / buscando ese mango / que te haga morfar…"

Tres años después, en 1933, Olinda Bozán, en el sainete "Café Cantante", de Ivo Pelay, estrenó con música de Francisco Canaro, la ranchera, "Donde hay un mango", en la que se hacía uso y casi abuso de la expresión. En uno de sus versos más recordados decía: "¿Dónde hay un mango, / Viejo Gómez? / Los han limpiao / con piedra pómez /…"

Existe en el habla popular de Buenos Aires desde los primeros años del siglo XX. Según Adolfo Enrique Rodríguez, querido cofrade de la Academia Porteña del Lunfardo fallecido ya, en su Lexicón (Buenos Aires 1991), lo registra como: "antiguo billete de un peso moneda nacional", y agrega que la definición pertenece al vocabulario que José Antonio Saldías, bajo el nombre de Rubén Fastrás, publicó en el diario Crítica entre los años 1913 y 1915.

En los primeros estudios sobre el lunfardo que encaró Gobello, supuso que el origen de la palabra era síncopa de la voz del italiano "marengo". Así lo explica en Lunfardía, su célebre obra de 1953. "El marengo" era una moneda de oro que había hecho acuñar Napoleón en conmemoración a su victoria sobre las tropas austríacas que ocupaban el norte italiano, la batalla tuvo lugar en la localidad de Bosco Marengo en la región del Piamonte, cerca de Génova. Cita Gobello en ese trabajo el "Manuale di Numismática" de Ambrosoli- Gnecchia-Milano, que dice del marengo: "moneda de oro, de 20 liras, acuñada por primera vez en Turín después de la batalla de Marengo."

En 1957, Domingo F. Casadeval en su obra "El tema de la mala vida en el teatro nacional", le da al "mango" un destacado lugar entre los numerosos lusitanismos que poblaron el habla del Buenos Aires colonial producto de la masiva presencia de los portugueses que, desde el siglo XVII, controlaban el tráfico de mercaderías que el contrabando traía y llevaba del Río de la Plata.

En la misma línea, Gobello ya para 1967, en "Diálogos de Villoldo", la obra que compartió con Eduardo Stilman, aceptó el origen portugués de "mango".

Efectivamente, en ella cita al "Pequeño Diccionario Brasileiro da Lengua Portuguesa", de Aurelio Buarque de Hollanda Ferreira (San Pablo, 1951, pag. XIV), donde anota: "Mango: (=mil-réis) bras. e prov. port. (Figuereido dá sòmente como prov. port., como a definiçâo de ‘antiga moeda de mil-réis’."

Atento a que en portugués, "réis" es el plural de "real", "mango" sería un brasileñísmo o un provincialismo portugués, que designa a una antigua moneda portuguesa de mil reales. Posiblemente, como dice Casadevall, el término pudo radicarse en Buenos Aires traído por los portugueses en la época colonial o, lo que es más seguro, porque no hay testimonios de la existencia de la voz en el habla porteña del siglo XIX, qu