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Llegó finalmente el primer plenario del año en un plácido otoño de abril. Expectativa, encuentro de amigos, compinches y conocidos, intercambio febril de información, comentarios, ideas. Además, la Academia estrena el período 2008 con una sesión muy especial, homenajeando al maestro Emilio Balcarce. Para mí es una emoción doblemente especial porque dirigió su magnífica orquesta en el homenaje por los 250 años de Mozart que organicé en el Salón Dorado de la Legislatura Porteña. Preside Gabriel Soria, quien explica a la audiencia que Horario Ferrer no puede asistir porque está ocupado con los ensayos de María de Buenos Aires, de inminente estreno en el Cervantes. Soria cuenta que hace cuarenta años la obra subió por primera vez a la escena porteña. Aplausos. Curiosamente, señala, ese año también se formó el Sexteto Tango. Anuncia como tango ritual Si sos brujo, por la orquesta Escuela de Tango, dirigida por el maestro, que hoy lleva su nombre. Dice también que la idea de convocar al maestro para dirigir la formación fue de un joven productor, Ignacio Varchausky, cuando Balcarce ya se sentía jubilado, después de 70 años en los palcos tangueros. Ahí nomás, Fabio Zerpa anuncia el primer evento del año del Cuadro de Amigos: el Tributo al Amigo, que contará con la participación de grandes figuras del Tango el 12 de mayo a las 19.30. Enseguida, Soria invita al maestro Emilio Balcarce a subir al estrado e iniciar el diálogo. La sala se viene abajo de los aplausos. Soria: –¿Qué siente un maestro al tener una orquesta de jóvenes que tiene su nombre? Balcarce: –Responsabilidad, emoción, sin duda. Cuando me llamaron no sabía si iba a poder responder a la expectativa de esos magníficos pibes. — ¿Ya casi había decidido no tocar, no? —Pensaba que ya había cumplido un ciclo, me sentía un jubilado y me fui de Buenos Aires para el sur. Al llegar a Neuquén, estaba Miguel Ángel Barcos, el odontólogo pianista que tocó en la orquesta de Francini-Pontier. Cuando se enteró me vino a ver. Ponete a escribir algo, me dijo. Probamos para trío pero no teníamos la gente adecuada. Compuse entonces para dúo y empezamos a tocar los dos. Cuando venía a Buenos Aires me invitaban y me proponían cosas. Tanto, que un día decidí volver. — ¿A qué edad empezó a tocar? —Tango, a los trece, catorce años. La radio empezó a llegar a los barrios y empecé a escuchar tangos. Yo estudiaba violín clásico. Me deslumbraron Canaro, Fresedo, Lomuto. En los bailes había orquestas de segundo orden, tríos, cuartetos, después una orquesta que tomaba rasgos del sexteto de De Caro. — ¿A qué violinista admiraba? — A Adolfo Muzzi, a Cayetano Puglisi, a Alfredo Gobbi, a Emilio Vardaro. Reconocía a la orquesta de Demare por el sonido de Vardaro. En esa época la orquesta de tango había decaído y aparecía en primer plano la de jazz. —¿Cuándo comienza con el bandoneón? —Me engendró De Caro, tan sentido; por la sonoridad, por los arreglos, por su discurso racional y su forma de expresarlo, el portamento lamentoso, el vibrato y su forma porteña. Me engendró también Laurenz, no solo por la garra sino por la emoción prepotente, por lo porteño de su toque. Ahí me enganchó el bandoneón. Empecé solo con uno que había en casa, mientras seguía con el violín. En vivo seguía con el violín el estilo de De Caro y por la radio acompañaba al bandoneón. Un día, se fue el bandoneón de una orquesta y me preguntaron ¿por qué no tocás? No sé. Yo te enseño, vení a casa que te enseño. Soria hace una pausa en la entrevista para escuchar Pinceladas, por Alberto Castillo y la orquesta dirigida por el autor. El maestro se emociona al oírlo a Castillo. Soria pregunta qué sintió cuando lo llamó el Cantor de los 100 Barrios Porteños. —Por empezar, Tanturi no me parecía tan creativo, —contestó— me gustaba más Fresedo, Firpo. Castillo no me había llamado tanto la atención. Castillo, no sé… no me entusiasmaba. "Vos estás mal" me decían "no sabés la guita que vas a ganar". ¿Te parece? Me puse a escribir: Mano bl
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