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Auspician:

TRISTEZA, MUERTE Y CREACIÓN

¿CÓMO DEVORAR AL DIOS DEL TIEMPO?

Junto con Gabriel Soria y Osvaldo Firpo, Horacio Ferrer abre el plenario del primer día del mes primaveral, con el tango ritual Cafetín de Buenos Aires, en la versión de Aníbal Troilo y Edmundo Rivero. Anuncia luego una sesión que califica de profundamente tanguera pues está dedicada a la melancolía…; si bien el Tango es más que "mitología de la tristeza", su estética de nostalgia atraviesa tiempos y espacios hasta volverse una pátina que lo cubre todo. Tal como ocurre en el teatro de William Shakespeare, el Tango tiene la capacidad de mostrar la realidad del hombre, igual que el teatro de Mozart.

El tema del día es "La melancolía y el suicidio en el Tango" y está a cargo de la doctora Ana Jaramillo, rectora de la Universidad de Lanús, amante del género ciudadano y autora de Fueye y melancolía y El enigmático suicidio. El maestro la invita al estrado y, después de unas palabras de agradecimiento, Jaramillo va directo al centro de la cuestión: el suicidio, tema que empezó a investigar por la cantidad de intelectuales, políticos y creadores que se suicidaron. Tantos fueron, que tienta pensar que estamos ante un problema argentino. Pero no es así. Ya Aristóteles decía que todos los hombres intelectuales eran melancólicos. Sigue su análisis refiriéndose a que, para la religión, el suicidio es un pecado pero que, en cambio, en el tango, está permitido, hablando de lo que la sociedad calla.

Como ilustración musical, escuchamos el tango Tres esperanzas, primero de una serie seleccionada para la ocasión por Walter Piazza, en colaboración con la disertante. La relación con la temática del día queda clara: "cazá el bufoso y, ¡chau, vamo a dormir!". La oradora comenta que los psicólogos llaman al suicidio "tormento de ideal", que es la "enfermedad del tiempo". Diciendo que la melancolía expresa a aquél que perdió un objeto de la conciencia, nos hace escuchar Desencuentro. Llegada a este punto, cita a Albert Camus, quien decía que el suicidio es el único problema serio de la filosofía, habla de la etimología de "bilis negra" (mélaina kholé) para la melancolía, su asociación con Saturno, o Cronos, el dios del tiempo, y su transformación en la "tristizia" de tiempos más modernos. Señala también la relación entre la tristeza y el don de la creación, que siempre va acompañado de los dolores del parto y que, bueno, Cronos, se devoraba a sus hijos. Entonces, no está tan errado decir que la melancolía es la enfermedad del tiempo, porque está buscando lo perdido.