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Auspician:

TRISTEZA, MUERTE Y CREACIÓN (II)

La desaparición de los valores también integra el fracaso. La anomia está íntimamente asociada con el concepto de melancolía por la pérdida de cosas valiosas. Al disminuir las referencias morales, el melancólico sacraliza: la santa madre, el barrio, la noviecita, etc., diferenciando el objeto sacro de lo profano. Oímos el tango Afiche. Nuevamente, canto de lo perdido. El siguiente tango (Sur, por Aníbal Troilo y Edmundo Rivero) muestra cómo nos aferramos a los recuerdos, fantasmas, sombras, objetos de la conciencia. ¡Pero si ni nosotros somos lo que éramos! El recuerdo, que aferramos, el olvido que pedimos, olvido de eso mismo que sacralizamos en algún momento… todo tiene que ver con lo mismo: necesitamos un momento consagrado que se diferencie de nuestra vida profana. Así, el melancólico huye con el alcohol, con la farra, pero… está llorando. (Escuchamos Volver por Carlos Gardel). Siguiendo en la línea de la falta de valores, señala que en la época de Discépolo se anticipa un país que no puede controlar su destino y que, uno a uno, va perdiendo los valores, entrando en la anomia: se aflojan las relaciones sociales, todo da igual. Ilustra la idea con Cambalache, por Tita Merello. Señala que deben aparecer ejemplos para fortalecer nuestro narcisismo. No se puede vivir en algo que es absolutamente homogéneo. Cuando fallan los ejemplos, o los valores, sobreviene la enfermedad maníaco depresiva. Pero… ¿Quién se llevó todo?... (Ahí nomás se oye Tinta roja por Aníbal Troilo y Roberto Goyeneche) Debe haber sido Cronos, el dios del tiempo, responde. Hoy hay pastillas… Siempre la muerte misma pudo representar una solución… pero como decían los sabios que nos precedieron, junto con la melancolía viene el don de la creación… Podemos recomendar con los antiguos dietas, caminatas, pero tenemos algo más importante: el laúd.

Melancolía, tormento de ideal, enfermedad del tiempo…; dolores de parto, creación, música… Como en La flauta mágica, en el drama parece estar el propio remedio.

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Terminada su aplaudida exposición, Ana Jaramillo presenta el Quinteto Tiempo (¡Cronos!), de la Universidad de Lanús, dirigido por Daniel Bozzani, con Leonardo Minig y Valeria Barzola en primero y segundo violines, Julián Caeiro en piano, Pierre Comte Petite en viola y Nicolás Eurich en bandoneón. Interpretaron La última cita, de Bardi y García Jiménez, Nunca tuvo novio, de Bardi y Cadícamo, y Verano porteño, de Piazzolla. Grandes aplausos del público.

El Ponja Malevo