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Fallece en su Buenos Aires Eduardo Bergara Leuman, el Gordo Bergara. Es de los hijos elegidos, talentosos y originales de la ciudad. Todo lo ha hecho bien, desde su obra de pintor con sello, su clase de animador de tele y café concert, su fineza de diseñador de vestuarios y escenografías, su capacidad de organizador de espectáculos, hasta su presencia inconfundible e indispensable en lanzamientos y vernisages, también en su gran época europea y, en particular parisina, donde también es exitoso, valorado y querido.
Eduardo, su sonrisa, sus gachos elegantes y su ropaje, su verba porteña e ilustrada le ha ofrecido al tango y su universo, primero en los sesenta en su Botica del Ángel -que recuerda un pequeño y bello monumento merecido en la avenida 9 de julio- después en el mejor programa tanguero de televisión, Botica de tango. Logra, en el antiguo Canal 11 de la calle Pavón, compaginar el tango y sus figuras de todas las generaciones, con pintores, gente del jazz, filósofos, novelistas, mujeres bellas y amigos sin más límite que es la elegancia en el pensar y en el decir.
Y también, lo otro: el Gordo es el primero -poniéndolo al servicio del tango- en emplear con gusto e imaginación el entonces recién inaugurado color de la televisión combinando vestuarios y escenografías en alarde desconocido para nuestro país.
Finalmente su museo de arte y de artistas de Buenos Aires realizado en el templo de la calle Luis Sáenz Peña con magin nunca agotado y saber y hacer siempre crecientes.
Es, primero, Académico Titular de nuestra Academia Nacional y luego Honoris Causa. Irrepetible, se marcha en la misma fecha de su llegada hace 76 años, y se prepara para renacer en todo lo que nos ha dado, Eduardo querido.
Horacio Ferrer
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