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Gardel piensa volver pero le ofrecen actuar en un baile a beneficio de Les petits lits blancs, junto con Chevalier, Mistinguett y la orquesta de Fresedo. Actúan en el Palais Garnier, el Teatro Nacional de la Ópera de París, ante el presidente de la república y ministros. El presidente le pidió un bis. Corría el año 29, muchos años después de su debut en el Armenonville de Buenos Aires. Ya tiene plata, se muda al XVIème Arrondissement, barrio pituco, y vive en el 59 de la Rue Spontini.
Vuelve a París, canta en el 41 de la Avenue Wagram, lugar que se incendió. Vuelve al Florida, va a Cannes y luego a Buenos Aires. Ya está consagrado. En su cuarto viaje a Europa va directo a Niza, donde actúa en el Palais Méditérranée y se aloja nada menos que en el Negresco. Va a París e intenta su aventura cinematográfica con Luces de Buenos Aires. La Paramount había abierto un anexo en Europa para películas en idiomas no ingleses, los estudios de Joinville-le-Pont. Hoy quedan todavía dos manzanas tristes donde se hacen trucajes. Vemos las fotos. Actuó en La parade des femmes y se hizo amigo de Jean Sablon, quien habla muy bien de Gardel. Lo encontramos en al Palace, 8 Faubourg Montmartre. De afuera, el lugar no dice mucho pero adentro se amplía sorprendentemente. Vemos las fotos. Gardel vive entonces en el Meurice, en la Rue de Rivoli, frente a las Tullerías. Recuerda Cordero que allí se alojaron presidentes argentinos. Actuó varias veces en el Armenonville original, pabellón que queda en el Bois de Boulogne (está tal cual), donde está también el hipódromo de Longchamp. Julio de Caro estaba en el 31 en el Empire y se hizo amigo del Barón de Rotschild, amigo del Aga Khan, éste último, un hombre muy burrero. Ambos invitaron a Gardel al Grand Prix de París, el 9 de julio. Cuenta Collier que se reunieron el 8 en lo de Enrique Rocha para festejar la fiesta patria. El embajador Tomás Le Breton se las ingenia para organizar un concierto de De Caro en La Sorbona. Vemos en foto el patio de La Sorbona y también el costado sobre la Rue Saint Jacques, donde se ve el observatorio.
Gardel regresa a Buenos Aires y se lo critica. Por ejemplo, Carlos de la Púa, porque cantó en italiano y en francés, porque pensaba en el extranjero. (Gardel había recomendado a De Caro: Julio, no te vayas. Buenos Aires es linda pero cuesta ganarse el pan…) Se queda dos meses y va a Francia por quinta vez. Viaja solo, sin guitarristas, sin contratos. Por tres meses no se sabe nada. Se dice que estuvo en Italia. Estuvo con Guibourg en Londres y éste atestigua que cuando Carlitos vio un carro con verduras, se puso a llorar pensando en el Abasto… Después de cuatro meses, París, Niza. En mayo, por una iniciativa del gobierno, Radio Colonial le ofrece cantar y hablar para Argentina y Uruguay. La emisión duró dos horas, con discursos de embajadores, canto y locución. Nuevos proyectos cinematográficos. Piden argumentos mejores. Guibourg sugiere un joven que podría ayudar con letras de canciones y argumentos: Alfredo Le Pera. Los reúne en el café que hoy es la peluquería Privé, en Pigalle. Otros dicen que se encontraron en Longchamp. Filma en Francia Espérame y Melodía de Arrabal. Vuelve a Buenos Aires y se queda aquí un tiempo. A fines del 33 se va… al final del túnel lo habría de encanar la muerte. Antes de partir deja su testamento. La sexta visita a París es más social. Pasa un tiempo en Toulouse con los parientes de Berthe. En París vive en 14 Rue de l'Arcade, en un barrio más modesto. Viaja a Estados Unidos para iniciar una carrera monumental. Su séptima y última visita es como turista y vuelve a Toulouse. A Buenos Aires regresaría como ángel, donde nos regocija siempre.
Después de un magnífico paseo por tiempos y geografías, concluye Cordero: "las grandes leyendas son las leyendas que el pueblo forja. La nuestra, canta cada día mejor".
Dedico esta nota al académico Osvaldo Firpo. Quiso el destino hacerme conocer a ese hombre que, con la calidez de su sonrisa pícara, me dio una bienvenida a este ámbito nuevo, solemne y venerado. Quiso el destino darme el honor de compartir su columna en El Chamuyo. Quiso el destino que, luego de su desaparición física, los grandes me hayan llamado a trabajar con más intensidad para difundir y enaltecer nuestra música. ¡Suerte loca, digo! Osvaldo Firpo, te invocaré siempre como ángel custodio para que me acompañes a caminar por esos senderos del Tango que todavía me queden por recorrer.
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En el espacio artístico, se lució el sexteto de Gabriel Rivas, violinista que estuvo con Pugliese y con Spitalnik. Hicieron muy buena música. Cantó Claudio Garcés, voz y expresión bien administradas, con muy buenos remates.
Pepe Kokubu El Ponja Malevo
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