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Auspician:

LAS BRUMAS DE ALFREDO - PLENARIO DEL 4 DE MAYO

Tema del día: "Alfredo Gobbi: El Tango en estado puro". Disertante: Alberto Romeo

Según Romeo, Gobbi es una orquesta difícil. No fue una orquesta aceptada por las grandes mayorías: "yo lo vi actuar", dijo, "en Villa Malcolm. Poca gente, poca hinchada, no concitaba multitudes". En los 40 era una orquesta de tercera línea en cuanto a público. No era como Pichuco, Pugliese, D'Arienzo, Di Sarli o Tanturi. Sin embargo, la aceptación entre sus pares, los otros grandes, fue tremenda. Por ejemplo, Berlingeri dijo "a todos nos inventó Gobbi". Pichuco le regaló Milonguero triste, Rovira le regaló El engobbiao, Piazzolla le regaló un arreglo de Redención que respetaba (¡…!) su estilo…

Hijo de un uruguayo y de una chilena, que hacían un tango heroico, casi rap, supo captar la Tanguedad: la esencia del tango. En 1942 forma su primera orquesta. Había tocado con Maglio, Firpo, Vardaro y Pugliese. Conoció a Aníbal Troilo. Cinco años después llega a la grabación. Mientras que Troilo grababa sesenta títulos por año, en diez años grabó sólo 56 temas. "Sus cantores, algunos me gustaron, otros, nada. Maciel, por ejemplo, era afinado pero tenía mal gusto para elegir los temas", dice Romeo. Lo insuperable fueron sus temas instrumentales, una veintena. Lee poema de Héctor Champonick: Una barra encendida, mesas, mesas, para esa grave misa de violines. Nubes de Alfredo Eusebio Gobbi en los confines de su atorro de amor, whisky y tristeza. Año cincuenta y dos. Aún lo veo, ausente, con los ojos cerrados y la ardiente conmoción del alcohol. Y la muchacha, esa muchacha, blanca, evanescente... veo las brumas de Alfredo. En ese frente restallaba la noche de Suipacha.

Está en la sala Alberto Garralda, quien sube al escenario. Se ponen a conversar. Garralda discrepa con Romeo, dice que en Independiente o en Vélez juntaba seis mil y que la Richmond de Suipacha la llenaba. Pasa a contar cosas de entrecasa: "era muy exigente y tenía un oído privilegiado. "Escribía bastante bien y tocaba muy bien el piano. Extrañamente, eligió el violín para dirigir. Tendría que haber sido el piano", dice. "Los ensayos eran tremendos. Tenía que salir perfecto. Acuérdense de que no se podía hacer play-back. Se grababa todo junto". Como orquesta típica era de avanzada y estaba entre las seis orquestas de primer cartel. Tuvo mucha influencia de De Caro, una orquesta muy difícil. "Alfredo era muy especial… Dicen que tomaba, pero podía pasar meses y meses sin tomar".

Gobbi era exigente con los arreglos y con la ejecución. Como violinista, era un estilista personal pero no era un gran solista, descollante. Pero inventó una forma, un poco decareana, que aunaba bien lo milonguero con lo romántico. Sabía dar tratamiento al bandoneón, sabía indicar, lo tenía bien calado. Sabía arreglar e indicar.

Ahí nomás llegó Horacio Ferrer, de una conferencia en el Museo Nacional de Bellas Artes. Justo a tiempo para entregarle un diploma a Dolina de Académico Honoris Causa y para decir que es "un hombre de talento y corazón notable, que resplandece ante los ojos de amigos y público, una de las mejores noticias que tuvo el arte, la radio y la televisión". Con emoción y alegría le entregó el título, agradeciéndole porque "dos generaciones llegaron al tango por vos". Dolina agradeció, no sin antes mencionar que tiene tangos escritos e, incluso, una opereta, que todavía esperan un lugar en el reconocimiento del público…

El espacio musical está a cargo de la guitarra de Analía Rego: sonoridad precisa y expresiva. Presencia y seguridad en un Trenzas de sabor criollo, con muy buen pianissimo al retomar, muy bien "hablado". Un Pedacito de cielo de sonido conmovedor.

El Ponja Malevo