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GARDEL COMO EL AGUA Y EL AIRE

Cuando se estaba terminando el monumento a Gardel erigido en el Abasto, los autores de la iniciativa discutían acerca de si era necesario colocar en el pedestal los extremos biográficos del gran cantor, es decir el lugar y la fecha de su nacimiento y de su muerte. El problema era decidir si convenía poner como lugar de nacimiento Toulouse o Tacuarembó, porque se buscaba evitar toda polémica en torno a la escultura, lo que finalmente no pudo lograrse. Fue entonces cuando alguien propuso: "Sólo hay que poner: Carlos Gardel, eterno como el agua y el aire". Esto significaba subsidiariamente, una suerte de reconciliación póstuma de Borges con Gardel. Lamentablemente, los trámites finales de la construcción del monumento se cumplieron contra reloj y nadie se acordó de poner inscripción alguna. Sin embargo, en las conversaciones previas todos coincidieron en que eterno como el agua y el aire era la inscripción adecuada.
Esa frase de Borges no sólo permitía eludir la polémica Toulouse versus Tacuarembó, sino darla por cerrada para siempre. Fue lindo que un niño inmigrante se convirtiera en lo que podríamos llamar el paradigma del porteño, porque demuestra que los argentinos no sólo ofrecieron a los inmigrantes tierra y trabajo sino también una patria y que ellos como tal la recibieron. Toulouse aparte, podría haberse hablado de Gardel como de un rioplatense, y a él le habría gustado. En realidad es una figura emblemática de una y otra banda del Plata. Pero los años han universalizado a Gardel, lo han mitificado y los mitos habitan el mundo de la irrealidad. Un mito es una realidad que supera a la realidad misma. Gardel, para un gardeliano, no nació nunca: es tan natural para su vida como el agua y el aire. No bebemos una fórmula química ni respiramos otra fórmula química. El agua y el aire son mucho más que esas fórmulas que Gardel es para los argentinos -y quiero creer que también para los uruguayos- mucho más que un documento de identidad.
Si será eterno como el agua y el aire que se han cumplido 74 años de su desaparición y las nuevas generaciones que no están enroladas dentro del tango pero sí lo están dentro del rock lo homenajean y respetan. Ejemplos como el de Los Pericos entonando Por una cabeza, Juan Carlos Baglietto canturreando Rubias de New York, Andrés Calamaro, Javier Calamaro o Litto Nebbia (pionero del rock cantado en castellano), han grabado El día que me quieras, Mi Buenos Aires querido y tantos éxitos de Carlitos.
Esto confirma que Gardel es de todos y hasta en el under surgió hace unos años un conjunto barrial llamado Los Gardelitos que en cada actuación homenajean al Zorzal entonando unos tanguitos criollos ante la distorsión del rock and roll.

Marcelo H. Oliveri